Traduciendo la complejidad del Sistema Nacional Anticorrupción

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12 de julio, 2018 | Por: José Luis Chicoma

Es la institucionalidad lo que puede garantizar que el combate a la corrupción no solo dependa de las buenas intenciones, opina José Luis Chicoma.

*Este artículo fue originalmente publicado en ADN Político.

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Como muchos otros esquemas institucionales y legales, el Sistema Nacional Anticorrupción es sumamente complejo. Consta de reformas constitucionales, cuatro leyes expedidas más cinco modificadas. Son aproximadamente 514 artículos, más sus respectivos transitorios, que representan alrededor de 186 páginas de contenido sumamente técnico. Es más dirigido a abogados especialistas que a casi cualquier otro público: economistas, periodistas, funcionarios públicos, activistas o el ciudadano de a pie.

Para quienes no somos esos abogados especialistas, comprendemos mejor con menos palabras. De ahí viene la necesidad de “traducir” toda esta complejidad en la Guía Ciudadana del SNA: «Al Buen Entendedor Pocas Palabras». En este portal se pueden consultar y entender varios temas importantes del SNA: lo que castiga el Sistema (“El que la hace, la paga”); quién juzga en el Sistema (“Cuentas claras, amistades largas”); la participación de la sociedad civil (“Ábranse piojos que ahí les va su peine”); entre otras secciones, las cuales están explicadas de manera fácil y entretenida.

Actualmente, aunque hay mucha inquietud entre todos por el combate a la corrupción, no hay espacios para entender y comprender claramente el SNA desde su organización hasta su marco legal; ni siquiera dedicándole mucho tiempo. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿es necesario tener un entendimiento completo del SNA?

El Sistema no es el primer pensamiento que nos viene a la cabeza a muchos cuando pensamos en el combate a la corrupción. Para muchos de nosotros, lo prioritario es acabar con la impunidad de los corruptos, en especial en México, donde tantos escándalos de corrupción han quedado sin investigaciones esclarecedoras ni castigo. En el resto de América Latina, el accionar de Odebrecht, el cual mediante aportaciones de campaña y sobornos para ganar licitaciones públicas ha resultado en la encarcelación de presidentes, politicos y otros funcionarios. En México, ha resultado en nada. Algo similar con la Estafa Maestra; las investigaciones sobre la Casa Blanca, así como muchos desvíos de fondos públicos y robos cuantiosos y escandalosos por parte de gobernadores.

Hay muchos otros factores que inciden y son prioritarios para vencer la corrupción: una prensa libre de conflictos de interés financieros y de presiones políticas; una sociedad civil fuerte a nivel federal, estatal y municipal para que sea contrapeso de políticos y funcionarios públicos; que se promueve la condena social de los corruptos, no importa de quién sea, desde un funcionario municipal a un presidente.

Sin embargo, las instituciones también importan. Son lo fundamental para combatir la corrupción desde su prevención y denuncia hasta la sanción. Antes no había un órgano ciudadano que pudiera coordinar el SNA. Tampoco castigos claros, administrativos y penales para los políticos y funcionarios públicos corruptos. Y no existían procedimientos que garantizaran un nombramiento de puestos clave para combatir la corrupción y que gozaran de independencia y autonomía.

Sabemos que el nacimiento y concepción del SNA no fue el mejor debido a que sucedió justo cuando estalló el escándalo de la Casa Blanca. También que en el proceso de aprobación cambiaron algunos de sus elementos. Sin embargo, es la institucionalidad lo que puede garantizar que el combate a la corrupción no sólo dependa de las buenas intenciones.

Un Sistema Nacional Anticorrupción sólido, con fiscales autónomos e independientes, aunado a suficientes recursos y réplica a nivel local en todo el país, va a ser ese elemento clave para poder luchar eficientemente contra la corrupción.

 

Tema: Finanzas Públicas

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