Milenio: Río Atoyac: el lado oscuro de la mezclilla

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Por: Milenio 

 

Una fábrica pinta de azul marino el Río Xochiac. Las aguas provenientes de la lavandería de mezclilla salen desde un tubo subterráneo hasta vaciar sus desechos en el afluente del Río Atoyac. El intenso olor a químicos se cuela por debajo del puente Xochiatl y alcanza a percibirse en la carretera federal México-Puebla, a la altura del municipio poblano de Huejotzingo. Este mediodía sobresale un aroma parecido a la acetona.

La cuenca que transporta estos desperdicios que vierte la poderosa industria de la mezclilla –México es el segundo exportador de jeans a Estados Unidos– nace en la Sierra Nevada, viaja por numerosos ríos y afluentes que recorren 60 municipios de Puebla y Tlaxcala hasta llegar a Guerrero, donde el Río Atoyac cambia de nombre a Río Balsas. Los remanentes de aquellos desechos finalmente desembocan en el Pacífico.
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Las tristes cuentas alegres

Una investigación realizada por ETHOS, basada en una revisión a las Cuentas Públicas consolidadas de 2013 a 2017, revela que se destinaron 3 mil 500 millones de pesos de aportaciones de la federación y subsidios de la Conagua para la construcción y rehabilitación de Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTARs) municipales en Puebla y Tlaxcala.
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