El tamaño (y estilo) sí importan

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9 de agosto, 2016 | Por: José Luis Chicoma y Eugenia Sepulveda

La manera en que nos informamos ha cambiado, nuevas plataformas nos obligan a actualizarnos, si no, corremos el riesgo de que pocos nos presten atención.

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En Ethos Laboratorio de Políticas Públicas, el think tank mexicano en el cual trabajamos, hay dos grupos etarios principales: los millenials y los generación X. Normalmente cuando les preguntamos a los primeros cómo se informan de la coyuntura, nos dicen que es principalmente a través de los artículos que postean sus contactos en las redes sociales. Y esto no difiere mucho del segundo grupo, que en los últimos años ha disminuido su consumo del periódico entero como medio principal de información.

Las estadísticas no mienten. La tecnología ha cambiado y evolucionado y el acceso a la información ha tenido un cambio particularmente fuerte con la llegada de los teléfonos inteligentes. Un millennial promedio revisa su smartphone 43 veces y pasa 5.4 horas en redes sociales al día.

De estas estadísticas podemos inferir que ha disminuido mucho la atención que le prestamos a lo que leemos. Con una frecuencia tan alta de revisiones del teléfono, variedad de textos, audios y videos, y una gran diversidad de redes sociales, lo más probable es que los artículos y noticias que se leen son cortos y entretenidos. De hecho, ahora las personas perdemos la concentración después de ocho segundos en promedio debido a la realidad digitalizada en que vivimos. Mientras lee estas líneas debe tener mucha tentación de leer ese mensaje de Whatsapp de su amigo, que a pesar de no ser urgente, le genera una sensación de necesidad de respuesta. Peor con la sobreabundancia de información en Twitter. Y ni qué decir de las actualizaciones en Facebook o el muy entretenido Instagram.  

Lastimosamente, esto también implica que la información que uno escoge leer puede estar más acotada: leemos lo que publican nuestros contactos en redes sociales, a los que tendemos a escoger basados en afinidades y círculos sociales o de intereses. Cada vez menos personas tratan de leer periódicos casi completos para informarse de un rango amplio de temas. Y según la Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015 los mexicanos leen en promedio sólo 5.3 libros al año.

 Esto no sólo ha implicado un cambio en cómo los periódicos informan. También representan un reto para el contenido que producimos los think tanks. Y por esto tenemos que evolucionar y adaptarnos a las nuevas tendencias informativas si queremos que lo que producimos llegue a nuestros públicos meta. Una de las instituciones que produce contenido similar al nuestro, aunque a una escala muchísima mayor, tiene algunas estadísticas de terror. El Banco Mundial indica que a pesar que destina una cuarta de su presupuesto para generar conocimiento que sirva a distintos países, más del 31 % de sus reportes no se han bajado nunca de su página.  

Tal vez una de las lecciones más importantes para que la gente nos lea es que el tamaño SÍ importa. Un artículo de la página frontal del New York Times en domingo tiene aproximadamente 39, 000 caracteres, que tomaría leerlo un aproximado de 25 minutos a un adulto educado. Un reporte completo de Ethos tiene casi medio millón de caracteres, siguiendo la misma métrica tomaría cerca de cuatro horas y media leerlo.

 No tenemos que esperar que este reporte compita necesariamente con los 5 libros que los mexicanos leen en promedio. Ese reporte completo es un documento de referencia sólo para los expertos y operativos que lo van a usar para informarse sobre nuestras propuestas técnicas sobre políticas públicas. Y esta es la base de nuestra contribución al conocimiento. Pero sí tenemos que producir un conjunto de piezas informativas mucho más cortas y explicativas que simplifiquen la información para un público general, así como legisladores y tomadores de decisiones que están ocupados y abrumados con la sobreinformación de los diversos temas que trabajan.

 Y esto nos lleva a que el estilo TAMBIÉN importa. A pesar de resumir la información drásticamente, todavía competimos con The New York Times y su redacción más dirigida al lector. O peor, competimos con muchos medios digitales que han sido exitosos con un nuevo modelo de noticias, que es muy rápido, entretenido y diseñado para capturar la atención en un mundo informativo muy competitivo. El modelo del The Huffington Post, que hace unos minutos ganó nuestra atención con “12 Women Who Ran For President Before Hillary”, ahora es omnipresente, desde Slate en EEUU, a Animal Político en México o Utero en Perú. Algunos están más inclinados a la política, otros lo hacen mezclando también el mundo del espectáculo con temas más serios, pero todos atraen a la audiencia con títulos llamativos e información breve y concisa.

 Esto implica que tenemos que tener un equipo más multidisciplinario, con periodistas, cronistas y diseñadores gráficos, con más creativos en nuestro proceso de comunicación, cambiando nuestra redacción (en las piezas de información más resumidas), e incorporando intensivamente nuevos medios: vídeos, podcasts, infografías, páginas web con formatos interactivos, transmisiones en vivo desde smartphones, entre otras. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de que casi nadie, incluídos muchos tomadores de decisión y stakeholders muy ocupados, nos preste atención.

Publicado en: TTCSP
Tema: Gobierno y Democracia

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August 9th, 2016 | By: José Luis Chicoma and Eugenia Sepulveda

The way we learn has changed and as think tanks we must update the way we present our information, otherwise we run the risk that no one pays attention to us.

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At Ethos Laboratorio de Políticas Públicas, the Mexican think tank where we work, there are two primary age groups: Millennials and Generation X. Normally, when we ask the Millennials how they stay informed on current events, the response is that they mostly read the articles that their friends and contacts post on social networks. This is generally the same for the members of Generation X, who have significantly decreased their consumption of entire newspapers as a principal source of information.

Statistics don’t lie. Technology has changed and evolved, and the arrival of smartphones has caused particularly intense changes to how we access information. The average millennial checks her smartphone 43 times and spends 5.4 hours on social media per day.

These statistics show that we now pay significantly less attention to what we are reading. With so many interruptions to check our phones, the wide variety of texts, audio recordings, and videos available to us, and so many social networks to follow, the articles and news that we read must be short and entertaining. In fact, thanks to an increasingly digitalized lifestyle, the average attention span is now only eight seconds. Even while reading this article, you were probably tempted to check the text message that just arrived from your friend and that generated an immediate need to respond even though the message itself is not urgent. It is worst with the overabundance of information available on Twitter, not to mention on Facebook or the extremely entertaining Instagram.

Unfortunately, this also means that the information that we read is likely to be more limited: we read what our contacts post on social networks, but we generally select these contacts based on similar interests and shared social circles. It is increasingly rare for someone to read a newspaper from front to back in an attempt to inform themselves on a variety of different topics. Additionally, according to the 2015 National Reading and Writing Survey, Mexicans read an average of only 5.3 books per year.

This has impacted the way newspapers present information, and also represents a significant challenge for think tanks and the way we produce and present content. Think tanks must evolve and adapt ourselves to the new trends if we want our products to reach their target audience. The World Bank, an organization that produces content similar to that produced by think tanks, although on a much larger scale, published a study in 2014 with some truly frightening statistics. According to the study, more than 31% of World Bank policy reports are never downloaded, despite the fact that the organization invests about one-quarter of its budget for country services in knowledge products.

Perhaps one of the primary takeaways in the battle to reach readers is that size DOES matter. A front-page article in the Sunday Times has approximately 39,000 characters, a length that would take an educated adult about 25 minutes to read. In contrast, a complete report published by Ethos has almost half a million characters, which, working under the same assumptions, would take an educated adult an estimated four and a half hours to read.

We don’t expect this report to compete with the five books that Mexicans read per year. Rather, the complete report is meant to serve as a reference document for experts and officials that are looking to inform themselves on the organization’s technical public policy proposals. And this forms the foundation of think tanks contribution to knowledge. But we must also produce a set of knowledge products that are significantly shorter and more informative, that seek to simplify the information for the general public, as well as for the legislators and decision makers overwhelmed by information overload on the topics they focus on.

And this brings us to the point that style ALSO matters. Despite drastically shorter summaries of our research, we are still competing with The New York Times and its more reader-focused writing style. Or even more difficult, competing with digital media outlets that have successfully implemented an updated news model that is immediate, entertaining, and designed to capture the reader’s attention. The Huffington Post’s aggregator/blog model, which just moments ago attracted my attention with “12 Women Who Ran For President Before Hillary”, is now omnipresent, from Slate in the US, to Animal Político in Mexico, to Utero in Peru. Some outlets are more politically focused, others mix popular culture with more serious subjects, but each one attracts an audience with attention-grabbing headlines and short, concise information.

For think tanks, this means that we need to build a more multidisciplinary team that includes journalists, storytellers, and graphic designers, we must involve creative professionals in our communication processes, change our writing style (for summaries and overviews), and focus on incorporating new media, including videos, podcasts, infographics, interactive webpages, live transmissions via smartphones (e.g. Facebook Live), etc. If we don’t, we run the risk that practically no one, including extremely busy decision makers and stakeholders, will pay attention.

Published in: TTCSP
Theme: Gobierno y Democracia

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