Tecnologías ciudadanas para combatir la corrupción

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27 de enero, 2016 | Por: José Luis Chicoma

¿Cómo podemos contribuir desde la ciudadanía para que la vida de los corruptos sea más un infierno que un paraíso? Elevando el costo social.

No es que el mexicano, peruano, brasileño o latinoamericano en general sea más corrupto “culturalmente”. Es que los sistemas para combatirla no son eficientes y la sociedad se siente impotente o se ha acostumbrado a los robos por parte de sus autoridades. En cualquier parte del mundo siempre van a existir gobernantes que serán corruptos cuando los beneficios de sus actos sean mayores a sus costos.

La idea entonces es aumentar mucho esos costos para que la vida del corrupto sea indeseable. ¿Cómo se logra? Paso a listar los sospechosos comunes. Un marco legal con altas penas civiles y penales para los actos de corrupción, y con tipificación clara de los delitos. Obviamente, un poder judicial independiente y eficiente que evite la impunidad. Instituciones que garanticen la transparencia y el acceso a la información, así como la rendición de cuentas y auditoría. Regulaciones sencillas, bien diseñadas y transparentes para la interacción entre el Estado y el ciudadano, en contratos, licencias, autorizaciones y permisos.

También, una prensa independiente del poder, para lo cual es necesario regular y transparentar la relación entre ambos, principalmente a través de la publicidad oficial. Prensa con recursos humanos, habilidades y financiamiento para hacer periodismo de investigación, profundo y serio, para fiscalizar las acciones del gobierno, tanto a nivel central, como local. Además, una sociedad civil organizada y con capacidad para vigilar y movilizar, y para exigir mejoras en el sistema y seguimiento de denuncias.

Inclusive con toda esta institucionalidad pública y de la sociedad civil, se requiere voluntad política y condena social. Es difícil exigir honestidad a la sociedad cuando sus gobernantes de más alto nivel quedan impunes frente a actos evidentes de corrupción, y cuando se piensa que la vía más rápida para ser millonario es trabajar en política y en el gobierno. Es aún más complicado en sociedades sin condena social a la corrupción, en las que priman las normas de verticalidad, jerarquía, y respeto a gobernantes poderosos e intocables; y peor cuando en las élites a veces los corruptos son admirados y no repudiados.

¿Cómo podemos contribuir desde la ciudadanía para que la vida de los corruptos sea más un infierno que un paraíso? Claro, condenando, denunciando, no participando en actos corruptos, y apoyando las buenas causas de la sociedad civil. Sin embargo, inclusive con todo esto los funcionarios y políticos tienen una asimetría de poder en el diseño e implementación de las normas, y su casi monopolio de la autoridad.

Sin embargo, la ciudadanía tiene una asimetría con respecto al Estado en su creatividad y capacidad para encontrar soluciones innovadoras. Dentro del Estado priman los controles burocráticos y administrativos para que los funcionarios sean fiscalizados y se evite el mal uso de los recursos y la corrupción. Esta carga ayuda con esos objetivos, pero desincentiva a los trabajadores públicos a que prueben nuevas soluciones, a que innoven en sus labores, y a que asuman riesgos, y, además, castigan el fracaso. La aversión al riesgo presente en casi todos los gobiernos es la mayor enemiga de la innovación y por eso esta se genera fuera del Estado.

Además, vivimos en un mundo cambiante, en el que se ha democratizado la innovación y muchas veces se genera de abajo-arriba. No sólo porque el ciudadano conoce mejor los problemas y se conecta más con las necesidades de la sociedad, sino también porque puede entender y aprovechar mejor todas las posibilidades que ofrecen los “bots”, la inteligencia artificial, el “deep learning”, el “big data”, la internet de las cosas, las plataformas de transacciones como el “blockchain”, y muchísimas tecnologías que nos están cambiando la vida día a día.

Hay muchos ejemplos de innovaciones ciudadanas para diversas problemáticas. Unos ciudadanos chilenos tras ser víctimas de robo por allanamiento de morada, decidieron crear la aplicación Haus que ayuda a crear redes de vecinos para reportar entre ellos situaciones de peligro o indeseables dentro de la comunidad a través de un botón de alerta. De manera similar, en un periodo de sequía en California, un ciudadano preocupado por temas medioambientales decidió crear Dropcountr, una app que ayuda a regular el consumo de agua de un hogar, avisar si existen fugas y verificar qué tan eficiente es su uso.

Y, claro, uno de los temas favoritos de estas tecnologías es combatir la corrupción. En el ámbito de la denuncia, internacionalmente I Paid a Bribe es la más reconocida. Producto de una iniciativa de una pareja de la India, cansados de la corrupción que los rodeaba, se ha expandido hasta cubrir 29 países. En México, existe una similar denominada Yo Di un Moche originada de un esfuerzo conjunto de organizaciones. Asimismo, existen otras soluciones tecnológicas que facilitan el monitoreo de obras públicas, como la húngara K-Monitor o la guatemalteca Ojo con mi Pisto. En un último rubro, existen aquellas que por medio de juegos buscan cultivar la cultura de la legalidad. Un ejemplo es Juega Limpio, elaborada por la ONU, dirigida a niños en Bolivia.

Para fomentar estas tecnologías, desde la sociedad civil, o inclusive desde el gobierno, se está tratando de aprovechar esa capacidad ciudadana. Muchas veces se realiza a través de la promoción del trabajo colectivo entre grupos de jóvenes (muchos de ellos programadores) que compiten para encontrar soluciones innovadoras a problemas específicos, en eventos llamados “hackatones” que usualmente duran un par de días.

Justamente, con el Hackaton Ethos Anticorrupción, que se realizará en Ciudad de México este 28 y 29 de enero, con la participación de 100 jóvenes, queremos fomentar las tecnologías ciudadanas para combatir la corrupción, explorar soluciones para que se pueda procesar la información y datos de las licitaciones y compras públicas de manera más eficiente, encontrar formas más eficientes de denuncia, poder sistematizar mayor información sobre funcionarios públicos, y fomentar la cultura de la legalidad.

Con muchas expectativas estamos esperando que la creatividad de estos jóvenes se vea reflejada en ideas y tecnologías que contribuyan a hacerle la vida muy difícil a los corruptos.

Publicado en: Animal Político 
Tema: Finanzas Públicas

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