Esto es lo que se puede hacer para castigar a los políticos ‘chapulines’

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10 de abril, 2017 | Por: Jonathan Jiménez

En colaboración con el think tank Ethos, te explicamos si se puede o no sancionar a quienes cambian de partido una vez electos.

Recientemente, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) fue abandonado por algunos de sus militantes, muchos de ellos tras años de estar en las filas del partido. El caso más reciente fue a finales de marzo cuando nueve de sus senadores de la República transitaron al Partido del Trabajo (PT).

¿Cómo es que un partido político pierde a un senador? De acuerdo con el Reglamento Interno del Senado, los partidos políticos deben tener en sus estatutos tanto el procedimiento de renuncia como el de incorporación de nuevos miembros. Es decir, sí se puede hacer y no hay nada que podamos decirles o reclamarles –además de que tampoco escuchan–.

Es el caso de Layda Sansores, quien fue electa senadora por Movimiento Ciudadano (MC), renunció al partido y se incorporó al PT para después contender como candidata a la gubernatura de Campeche por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). En la misma situación, otros senadores –en su mayoría de izquierda– han hecho esas transiciones.

POR QUÉ ES MALO QUE CAMBIEN A DIESTRA Y SINIESTRA DE PARTIDO

Para empezar, porque, técnicamente, los senadores que fueron electos en 2012 tuvieron que haber estado afiliados a un partido político, fuera de elección directa o indirecta. Esto implica que fue gracias a estos, que hoy están en donde están.

Por ejemplo, dos de los nueve senadores perredistas que cambiaron al PT fueron electos por Representación Proporcional, es decir, que su partido los incluyó en una lista y, por la posición que ocuparon en esta, es que se quedaron con el escaño y los siete restantes por Mayoría Relativa, quienes sí hicieron campaña y la gente votó directamente por ellos.

Es cuestión de principios –morales o de oportunidad– por los cuales un candidato se afilia a un partido o un militante se candidatea con cierto organismo político. No obstante, la amplia movilidad de los senadores muestra que la lealtad no es un valor común entre ellos o que los principios de sus partidos son intransigentes, es decir que, si se supone que los partidos tienen ideologías estructuradas y sustentadas que al final se transforman en propuestas, el hecho de que sus senadores cambien de partido muestra una de dos cosas: La carencia de ideología por parte de los partidos o la falta de principios y propuestas de los senadores.

 

LO QUE VIENE TRAS LA DESBANDADA

Sí, el PT se vuelve la tercera fuerza de la Cámara de Senadores, no obstante, el sistema sigue siendo tripartidista pues, de acuerdo con el índice Laakso y Taagepera, el número efectivo de partidos que domina el Congreso sigue siendo casi el mismo.

También se generan cambios en las comisiones a las cuales pertenecían los senadores, debido a que la influencia política de un grupo parlamentario se verá mermada.

Para ejemplificar lo anterior, tomemos el nombramiento de Paloma Merodio como vicepresidenta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Organizaciones de la sociedad civil, así como el senador Romero Hicks, documentaron y mostraron que el proceso de ratificación estuvo plagado de ilegalidades. Ampliamente, se debatió su incumplimiento de requisitos conforme a la ley que además, estuvo acompañado de evidencia que lo prueba. No obstante, a pesar de violar en flagrante la ley y de tener a medios y sociedad civil encima, los senadores votaron en su mayoría a favor de Merodio.

Lo anterior, además de demostrar la debilidad institucional que tenemos, la falta de profesionalización de nuestros servidores y demás debilidades institucionales que se podrían enlistar aquí, muestra el carácter político que tienen los partidos. En particular, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) tiene algo que muchos otros perdieron o de inicio no quisieron tener: línea.

La línea es aquella herramienta de la estructura hegemónica que se traduce en “haces lo que digo, porque yo lo digo”. En el caso del nombramiento de Merodio fue notorio que los senadores del PRI votaron a favor, todos, por línea.

Este actuar también se evidencia en otros partidos y en parte del gobierno federal. En las votaciones en pleno del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2017, los diputados de Morena se salieron de la votación y no votaron en contra, a pesar de sus críticas a las políticas hacendarias. Es por ello que, dados los movimientos de los senadores, se puede pensar que la organización interna de su grupo parlamentario definirá qué tanto impacta su transición.


CIUDADANOS MÁS CRÍTICOS, EL ARMA QUE NOS QUEDA

Por estas razones, como ciudadanos, debemos ser más críticos al ejercer nuestro voto. Hay muchas cosas en juego y votar por un partido no significa nada cuando sus afiliados no tienen convicciones afines a éstos. Si sus afiliados no son leales a ellos, quienes les dieron un puesto en el Senado, ¿por qué lo serán con nosotros?

Debemos fomentar el involucramiento cívico y sancionar a aquéllos que hagan este tipo de transiciones o quienes ejerzan su voluntad violentando la ley, tal y como lo hicieron con la ahora vicepresidenta del Inegi. Quedan aún muchas elecciones de puestos del gobierno federal que son fundamentales: Banco de México, Auditoría Superior de la Federación, INAI, otra vicepresidencia en el Inegi, además de las elecciones estatales de 2017, y pocas instituciones confiables.

No nos queda más que estar atentos a los movimientos políticos, con el fin de sancionar tanto a partidos como a los políticos en su mal actuar a través del votoque es, casi, lo último que nos queda para hacernos escuchar como ciudadanos.

 

Publicado en: The Huffington Post México
Tema: Gobierno y Democracia

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