El rédito electoral del populismo fiscal

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28 de septiembre, 2017 | Por: Liliana Alvarado

Los mexicanos tendremos dos opciones: apoyar al candidato que proponga la medida que más beneficia nuestro bolsillo o al que se preocupa por la salud de las finanzas.

 

Se aproxima la elección presidencial del 2018 y las principales fuerzas políticas del país se encuentran afinando sus estrategias para elegir al candidato o candidata que, desde su perspectiva, tiene mayores posibilidades de ganar. Como en cada elección, serán importantes las alianzas, la capacidad de movilización, las propuestas abanderadas, así como una adecuada campaña de comunicación, tanto en medios tradicionales como en redes sociales.

No será extraño que los aspirantes seleccionen temas coyunturales que aquejan a la sociedad: corrupción, inseguridad, pobreza e inestabilidad de las finanzas públicas. En lo que a este último tema se refiere, seguramente habrá propuestas relacionadas con la austeridad y calidad del gasto. Sin embargo, la necesidad, más que la voluntad, los llevará a abordar el tema fiscal.

La necesidad de generar modificaciones fiscales proviene de la posibilidad de que el presidente Trump retome la idea de llevar a cabo una reforma fiscal en Estados Unidos. Hay que recordar que entre sus principales propuestas está la reducción de la tasa corporativa (de 40% a 15%) y fijar la de personas físicas en 10%, 25% y 35%, eliminando la tarifa actual que contiene siete tramos.

Adicionalmente, según el último reporte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) denominado Reformas de Política Fiscal 2017, países como Hungría, Eslovaquia, España, Japón, Luxemburgo, Suecia, Reino Unido, Noruega e Israel redujeron recientemente sus tasas corporativas. Este comportamiento es parte de una tendencia internacional que implica la reducción de tasas en los impuestos directos, a la vez que se incrementan las de los impuestos indirectos.

En la actualidad, sólo cinco países de la OCDE continúan teniendo una tasa corporativa superior al 30%, cuando en el 2000 eran 21. Como consecuencia, la tasa corporativa promedio ha pasado de 32% en el año 2000 a 25% en el 2016. La posible reforma fiscal estadounidense, aunada a las tendencias internacionales, están poniendo en duda la competitividad de las tasas del Impuesto Sobre la Renta (ISR) en el esquema fiscal mexicano (30% para personas morales y 35% tasa máxima para personas físicas).

En este sentido, lo lógico sería plantear reformas técnicamente sólidas al esquema tributario mexicano. No obstante, en su afán de atraer al electorado, los candidatos se limitarán a plantear la medida más fácil, la popular, la que todos acogerán: la disminución de las tasas del ISR. A fin de cuentas, ¿a quién no le gustaría pagar menos impuestos?

Lo difícil radica en transitar a este punto de forma responsable, con medidas alternas que contrarresten cualquier posible desequilibrio derivado de la reducción en el nivel de tasas. Es una realidad que México no es como Noruega, Japón, Reino Unido ni Suecia. En el mundo, cada sistema tributario tiene sus propias particularidades y, en este tema, como en el caso de la pobreza y la inseguridad, no existe un modelo único aplicable que garantice el éxito. A diferencia de los países antes mencionados, la recaudación en México es mucho menor debido a una serie de factores que incluyen el tamaño del sector informal, la eficiencia en los procesos de fiscalización y administración tributaria, la disposición por cumplir con las obligaciones fiscales, entre otros.

Por ende, la reducción en las tasas del ISR debería estar acompañada de otras disposiciones menos populares entre el electorado, con el objeto de evitar un desequilibrio mayor en la recaudación. El abanico de opciones es muy amplio y podrían incluir la eliminación de la tasa de 0% en el Impuesto al Valor Agregado en alimentos y medicinas, la reducción de tratamientos preferenciales (gastos fiscales) en el ISR, el aumento en las tasas del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), entre otras. Como suele suceder en estos casos, las medidas complementarias serán rechazadas por los perjudicados.

En este sentido, los mexicanos tendremos dos opciones: apoyar al candidato o candidata que proponga la medida que más beneficia nuestro bolsillo o al que se preocupa por la salud de las finanzas, posiblemente en perjuicio de éste.

 

Publicado en: Arena Pública

Tema: Finanzas Públicas

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